No existe el alimento milagro: la salud se construye en conjunto

Alimentación, actividad física, descanso y hábitos como conjunto para cuidar la salud

Vivimos rodeados de mensajes que nos prometen mucho a partir de muy poco.

Un alimento para desinflamar. Otro para mejorar las defensas. Una especia para acelerar el metabolismo. Un suplemento para tener más energía. Una bebida para “depurar” el organismo.

Y es fácil caer en la tentación. Porque pensar que existe un alimento capaz de compensar todo lo demás resulta mucho más sencillo que revisar cómo comemos, cuánto nos movemos, cómo descansamos o qué hábitos mantenemos día tras día.

Pero nuestro organismo no funciona de manera aislada. Y nuestra salud tampoco.

Un alimento puede ser interesante sin ser milagroso

Que un alimento contenga determinados nutrientes o compuestos bioactivos no significa que, por sí solo, vaya a producir un cambio significativo en nuestra salud.

Pensemos, por ejemplo, en la cúrcuma.

La curcumina, uno de sus principales compuestos bioactivos, ha despertado interés científico por su posible relación con diferentes procesos inflamatorios. Además, es frecuente encontrar suplementos que combinan curcumina con piperina, un compuesto presente en la pimienta negra que puede aumentar su biodisponibilidad.

¿Significa eso que tomar cúrcuma con pimienta negra va a solucionar por sí solo nuestros problemas de inflamación?

No.

Podemos utilizar la cúrcuma como una especia más dentro de una alimentación variada. Pero resulta poco coherente esperar que ese pequeño gesto compense una alimentación basada habitualmente en productos ultraprocesados, un consumo insuficiente de alimentos vegetales, el sedentarismo, la falta de descanso u otros factores que también influyen sobre nuestra salud.

El problema no es la cúrcuma.

El problema es esperar de ella algo que ningún alimento puede hacer por sí solo.

El efecto «compensación»

A veces utilizamos determinados alimentos, productos o suplementos casi como una forma de compensación.

Tomamos un batido “detox” después de varios días comiendo peor de lo habitual. Añadimos semillas a un desayuno porque son saludables, aunque el resto de nuestra alimentación apenas contenga alimentos vegetales. Compramos un suplemento antioxidante mientras mantenemos hábitos que sabemos que podríamos mejorar.

Y así podemos terminar prestando muchísima atención a detalles pequeños mientras dejamos de mirar aquello que tiene mayor peso.

No necesitamos una alimentación perfecta. Pero sí conviene entender que la frecuencia, la cantidad y el conjunto importan.

Una ensalada no convierte automáticamente una alimentación en saludable, del mismo modo que comer una pizza una noche no convierte una alimentación equilibrada en poco saludable.

La salud se construye en el patrón que repetimos.

Quizá deberíamos hablar menos de alimentos aislados y más de patrones

Cuando hablamos de nutrición es fácil dividirlo todo en piezas: proteínas, fibra, omega-3, antioxidantes, polifenoles, vitaminas, minerales…

Esta división es necesaria para comprender cómo funciona nuestro organismo, pero nosotros no vivimos consumiendo nutrientes aislados.

Comemos alimentos, combinamos esos alimentos en comidas y repetimos esas comidas dentro de un determinado estilo de vida.

Por eso, antes de preguntarnos qué alimento deberíamos añadir, quizá sea más útil preguntarnos cómo es nuestra alimentación en conjunto. Si existe suficiente variedad. Qué alimentos predominan en nuestro día a día. Cómo descansamos. Cuánto nos movemos. Y si nuestra alimentación realmente se adapta a nuestras necesidades y a nuestra situación.

Probablemente estas preguntas sean menos atractivas que descubrir «el alimento antiinflamatorio definitivo».

Pero también son bastante más útiles.

La salud no es únicamente alimentación

Y todavía podemos ampliar más el foco.

Una alimentación adecuada es importante, pero la salud tampoco depende exclusivamente de lo que ponemos en el plato.

La actividad física, el sueño, el consumo de alcohol y tabaco, el estrés, las relaciones sociales, determinadas enfermedades, la genética, nuestro entorno y otros muchos factores también forman parte de la ecuación.

Por eso podemos alimentarnos muy bien y seguir teniendo problemas de salud. Y tampoco sería correcto responsabilizar a una persona de una enfermedad simplemente porque consideremos que podría comer mejor.

La nutrición es una pieza importante.

Pero sigue siendo una pieza dentro de un sistema mucho mayor.

Entonces, ¿los llamados «superalimentos» no sirven para nada?

No es eso.

Muchos de los alimentos que reciben esta etiqueta son perfectamente interesantes desde el punto de vista nutricional. Podemos consumir frutos rojos, cúrcuma, semillas de chía, frutos secos, té verde, kéfir o cualquier otro alimento que nos guste y encaje en nuestra alimentación.

Lo que no necesitamos es atribuirles propiedades extraordinarias.

De hecho, algunos alimentos que forman parte de patrones de alimentación saludables son bastante menos exóticos: verduras, frutas, legumbres, frutos secos, cereales integrales, aceite de oliva…

No necesitan convertirse en milagrosos para ser buenos alimentos.

Antes de buscar qué añadir, mira el conjunto

Quizá esta sea la idea más importante.

Cuando queremos mejorar nuestra alimentación solemos preguntarnos:

«¿Qué debería tomar?»

Y muchas veces sería más interesante preguntarnos:

«¿Qué puedo mejorar en el conjunto de mis hábitos?»

Puede que la respuesta no esté en comprar un nuevo suplemento ni en introducir el último alimento de moda.

Quizá esté en cocinar algo más. En comer más alimentos vegetales. En organizar mejor nuestras comidas. En movernos con regularidad. En dormir mejor. En reducir aquello que consumimos en exceso. O simplemente en mantener durante meses pequeños hábitos que ya sabemos que nos hacen bien.

Porque la salud rara vez depende de una decisión espectacular.

Depende mucho más de muchas decisiones pequeñas repetidas a lo largo del tiempo.

Y quizá por eso resulte menos atractiva para el marketing.

No hay un alimento milagro.

Hay contexto, frecuencia, equilibrio, hábitos y una persona concreta detrás de todo ello.

Eso es mucho menos llamativo que una promesa en una etiqueta.

Pero se parece bastante más a cómo funciona realmente la salud.

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